Enseñanzas del Nuevo Testamento

por LOWELL L. BENNION

El Nuevo Testamento es uno de los libros clásicos de toda literatura, y podría ocupar toda nuestra atención si lo estudiásemos con ese objeto. Sin embargo, no estamos preparados para considerar el libro como literatura, y del momento nuestro interés mayor estriba en el estudio del evangelio. De modo que no pasaremos completamente por alto la belleza literaria del Nuevo Testamento, este estudio será parte incidental de nuestro tema central. Lo mismo se podría decir de la historia, cultura, geografía o cualquier otro interés similar en el libro.
Hay muchos que aceptan a Jesucristo no como el Hijo de Dios ni el hacedor y expositor de la voluntad de su Padre, sino como un gran maestro moral. También hallan en los escritos de sus discípulos muchas excelentes y verdaderas enseñanzas morales. Esta opinión es buena, pues Jesús fué un gran maestro y expositor de verdades morales: el mayor de todos los maestros que jamás han enseñado al hombre la manera de vivir. Sin embargo, Jesús fué más que un maestro moral o ético. Su moralidad estaba basada en la religión. Es imposible separar las enseñanzas morales y las enseñanzas religiosas del Salvador. Los que han tratado de dividirlas han tenido que mencionar la religión, pues de lo contrario, su interpretación carecerá de mucha de la fuerza de la obra de Jesús.
El Nuevo Testamento es un libro religioso. Los hombres que lo escribieron no se esforzaron en alcanzar la perfección literaria o en pasar a la posteridad como grandes historiadores. No eran filósofos, sociólogos o ni siquiera antropólogos. No eran teólogos ni escrituristas en el sentido técnico de la palabra. Eran simplemente personas con una profunda convicción religiosa que sinceramente intentaron estimular a sus lectores para que creyeran en Jesús y vivieran tal como El enseñó que se debería vivir. La base de toda religión es una buena teología: creencias correctas con respecto a Dios, la humanidad, las relaciones entre uno y otro, y, para los que poseemos la fe cristiana, un conocimiento perfecto de la misión de Jesucristo. El Nuevo Testamento nos enseña los principios fundamentales de la teología cristiana. En él aprendemos que Dios es nuestro Padre, un Ser personal que es justo, misericordioso, clemente, bueno y amante. Aprendemos también que el hombre es hijo de Dios, que es inmortal, y que es el hermano de sus semejantes; un ser libre y responsable ante su Creador. Nos enteramos asimismo que Jesús es nuestro Salvador, el Hijo de Dios, enviado a la tierra para redimimos del pecado y de la muerte, y que la salvación nos viene de El y por mediación suya. Si una persona no posee un adecuado conocimiento de estas creencias fundamentales, corre el peligro de descarriarse en su vida religiosa. Con toda probabilidad se encontrará en la misma situación de alguien nadando en aguas poco profundas e incluso turbias.

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Un pensamiento en “Enseñanzas del Nuevo Testamento

  1. Para los que leemos a los líderes de la Iglesia, este es un documento que nos da la oportunidad de ver con los ojos de quien ha vivido en forma más plena el evangelio restaurado; como converso me da mayor entendimiento de lo creo que es verdad y confirma lo que se que lo es.

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